De armas de mujer
Un día me quisiste camelar y lo conseguiste. Quedamos para más tarde y yo me fui derecha a comprarme una combinación muy sexy.
Luego me dejaste colgada, por las obligaciones de la alianza que no llevas en dedo alguno.
Y la combinación se quedó tiempo a merced de las polillas.
Hoy quieres jugar conmigo y yo te cuento mi vieja milonga y, criticando al don Juan de turno, no te das cuenta que el pelele eras tú.
Y otra vez mis manos serán mi piel, porque tú no te das cuenta de ná.
Y si no te das cuenta, no me vales.
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