De polvos y cintas de video

 Otra vez, sexo de película. Aunque jamás he visto una peli porno de tal calidad: con posturas tan bellas entre dos preciosos cuerpos, con palabras provocadoras, con miradas felinas. Lujuria entre dos seres que se aman, se gustan, se quieren tal cuál, y, lo más importante para el sexo, se desean, siempre. El fuego de uno de alimenta el del otro y la fiesta estalla como fuegos artificiales. 

Es como encontrar la verdadera media naranja. Bueno, siempre me ha gustado más pensarme como medio limón, incluso antes, media mandarina. Con él, pienso que es más propio decir que es mi medio pomodoro... ya divago, porque me viene en mente que de medio nada, es mi pomodoro entero. Y yo debería ser algo así como su crema catalana entera. 

No es una mitad que me complete, es un ser completo con el crear una energía mayor, algo más grande. Tan grande que dejamos de ser lo que fuimos para ser algo mejor. Y para sentir algo mejor, algo que raya el éxtasis.

Y eso no se ve en las películas porno. En películas normales, podemos percibir estas sensaciones, pero, òbviamente, no se muestran los genitales acoplados (en la mayoría de los casos, y exceptuando, obviamente, aquellos films en los que el sexo es el tema central, o el argumento se presta a escenas tórridas. Ya me entendéis). 

Como fuere, y siendo ahora pragmática, quien dice que no podríamos ganarnos la vida haciendo vídeos  porno. No solo por el buen sexo, sinó porque soy una artista a la que gusta disfrazarse e interpretar personajes variopintos, y él está, sobradamente, a la altura de las circunstancias. 


Lo pasaríamos en grande mientras nos hacemos de oro. Porque no hace falta que te hable de la poca gracia tienen la mayoría de cintas para adultos. Seguro que existen películas de más calidad, con algún argumento, escenografia y guión cuidados, seguro que hay excelentes producciones, pero hay que pagarlas caras.

Pues eso, que lo voy a pensar, informarme, etc.

Mientras tanto, a follar siempe como si no hubiera un mañana.

Me siento tan afortunada, tan agradecida, tan en paz.

Nunca, con nadie, he sentido tanta plenitud sexual. Yo, tan exigente y, a la vez, mentalmente inhibida, he encontrado, en este aspecto -y en muchos otros de igual relevancia-, con Alessio, El Dorado. 

¡Gracias!



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