De sentir cuántico

 Cuando estamos en la cama, con la luz apagada, ya descansando después de disfrutar de sexo mágico, entrelazados brazos y piernas en la postura perfecta, bellísima escultura, (postura perfecta porque soy capaz de dormirme así, la mar de còmoda, incluso sintiendo su respiración en mi cuello, ambas cosas nunca vistas antes, impensables con cualquier otro hombre, ninguno); pues es en ese momento, abrazada a él, feliz, en paz, cuando se produce aquel momento mágico en que me vuelvo cuántica y Alessio deja de ser Alessio, sin nombre, sin rostro, sin cuerpo, sin edad, sin pasado, nada que le defina. En ese momento, siento la esencia del hombre, pura energía, pura naturaleza animal, el verdadero sentido de la vida, del propio ser. Pura màgia, puro nirvana.

Abrazada a él, sintiendo esto que he intentado expresar, me siento muy cerca del extraño universo de partículas por descubrir, porque experimento cosas que tiempo ha que descarté posibles para mí. Y, a veces, drogas mediante o no, alcanzo estados mentales sorprendentes, exuberantes, hiperextasiantes, plenos, locos... Sobretodo cuando voy on fire, en plena disociación mental y me entrego al sexo como una fiera. Luego solo recuerdo imágenes fugaces de lo sucedido, pero nunca olvido haber pensado madre mía qué polvazo.  

Polvazos cuánticos, pura energía llevada a otra dimensión. Perfecta mezcla entre amor puro y deseo salvaje, orgasmos en doble plano, fusión electromagnètica...

Le he comentado a Alessio esta sensación que experimento con él y me ha preguntado si lo había sentido alguna vez con otro, mi respuesta ha sido un rápido y rotundo no, y eso lo hace aún más maravilloso, que jamás lo había sentido antes. Claro que ya no soy la misma que fui con mis otras parejas, todos maduramos, pero en mí, el punto de inflexión fue, como siempre recuerdo, los efectos colaterales que la pandemia provocó en mí. Joe Dispenza me cambió la vida, y ese cambió me llevó a tener una sensibilidad extraordinaria, una capacidad de observar y percibir la energía como nadie que conozca. Además de una capacidad bellísima de ver belleza donde nadie la busca, donde pocos tienen la capacidad de percibir. Esa capacidad de mirar a alguien y solo verlo por dentro, tan bello, que el exterior se vuelve pura y perfecta belleza de ser, pura armonía.

Y no hay amor más profundo, más auténtico, más mágico y más placentero que el que esto provoca. 

Lo estoy viviendo con él, como nunca antes, como nunca imaginé, a penas me atreví a soñarlo. Y es real, y la estoy viviendo yo, jajaja. Es la ostia. ¡Qué polvazos! Y qué amor más dulce, tierno, y apasionado, y loco, alegre, divertido, morboso, desafiante,.. Podria estar horas encontrando adjetivos buenos para describir nuestro amor.

Creo que debo retirarme ya, sobretodo porque creo que ya no queda papel de fumar suficiente para haceme otro y le queden un par para él, uno para cuando se levanta porque no puede dormir, y otro para cuando se levante para trabajar. Ah, no, que mañana tiene fiesta. Quindi? Voy a ver cuántos quedan. Sólo dos.. ¿Qué hago? Debería dejárselos y irme ya a la cama, pero ya ves como estoy...

Suena la eterna "Roads", de Portishead, y se me remueven los adentros, algo duele. 

¿Qué hago, pues, ahora? ¿Apelo al egoísmo al que me tiene acostumbrada y le dejo un solo papel, que ya es algo? Pues creo que va a ser así. Porque siempre voy al límite en estas circunstancias y apelo al hecho que él provoca, la majoria de veces, que yo acabe así, como una moto con incontrolables ansias de fumar. ¿Qué le voy a hacer? Si no le gusta, pues que no traiga mierda. ¿No?

¿Porqué puñetas me defiendo de él cuando soy yo la que se censura? Él solo me expresa su opinión e intenta persuadirme de acostarme con él, y antes, pero acepta sin quejarse ni enfadarse que yo no lo acompañe. Soy yo la que critica mi propio comportamiento, es a mí a quien más pesa. Aunque sea él quien me sirve en bandeja de plata las malditas toxinas, yo lo permito y lo disfruto con él, incluso me atrevería a decir que, a menudo, le provoco, le insto. 

Malditas toxinas que tomamos cómo benditas píldoras de la felicidad, que nos llevan a lo más alto. Dios, perdónalos porque no saben lo que hacen...

Y no sabemos lo que hacemos, pero ¡Cuánto nos gusta! La droga más fuerte que hemos probado jamás.

Amor cuántico, pura éxtasis.

Da vero.

Y a ver cómo llego yo a la cama ahora...






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