De cambiar

 Me sorprende tener la certeza de no haberme sentido nunca tan perdida hasta ahora que tengo que elegir entre seguir en la maldita y rutinaria zona de confort o cojer un tren con destino a la peligrosamente desconocida pero soñada Italia.

Si no me tiro de cabeza a la piscina, quizá ya no haya más piscinas a las que lanzarse cual moneda en la fontana de Trevi.

Hai capito?

Nos enamoramos y eso lo complica todo. Porque enamorarse da miedo. Rendirse al amor es una putada, un contratiempo, algo que no entraba en los planes de ninguno de los dos.

Nuestros planes eran otros, los suyos mejores que los míos, y el amor parece que se empeña en saborearlos. Porque es por amor que los de ambos han cambiado. Es por amor que no me siento culpable de querer seguir siendo amada. Obvio, supongo, hehe.

Me acojona coger este tren, sí, pero siento que no habrá una segunda oportunidad y que debo cogerlo. Hoy, como nunca antes,  tengo claro que quiero coger ese tren. Pero ahora mismo, otra vez entre radio y humo, tengo un miedo que te cagas. Y eso después de otro polvazo brutal, especial, mágico, como si no hubiera un mañana. ¿Cómo no darnos cuenta de que no podemos renunciar a tanto placer. Incluso sabe a despedida.

No sé qué al final serà, pero se avecinan cambios y acojona.










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