De espejos

 Pocas veces pasa que perdonamos ciertos errores ajenos porque somos conscientes de cometerlos también.

Dicho esto, no pretendo hablar de eso sino de los malentendidos fruto de comunicación insuficiente.

De ahí lo de espejos, porque ninguno de los dos hemos entendido los deseos del otro. Y todo por no hablar suficiente, y también por desconocer los matices de la lengua del otro. Ambos entendemos bastante la lengua del otro, pero es tremendamente complicado leer entre líneas o simplemente captar ciertas expresiones que, siendo iguales sintácticamente, tienen muy diferente significado, incluso, a veces, totalmente contrario. 

Lost in translation, como tantas veces le digo. Y esta vez, tan importante y decisiva para nuestro futuro, nos hemos perdido por no entendernos bien. Y por los miedos y las dudas, y por las circunstancias.

Espejos somos desde que nos conocemos y, a veces, es una putada, porque cuando a uno se le va la olla, se refleja en el otro y así no queda nadie que tenga un poco de cabeza...

Y aunque estas malas costumbres nos perjudiquen tanto física como mentalmente, y económicamente, son regalos para el alma, para el espíritu, para el cuerpo, para la mente. Hay capito? ¿Cómo renunciar a ello? O mejor dicho, ¿Cómo no desearlo una y otra vez? Cuando no distingues el amor del deseo, cuando experimentas que  son la misma cosa, ya no quieres, o crees que no puedes, vivir sin ello. Y esa es la causa de perdernos en una lucha continua entre lo que la razón nos dice que debemos hacer y lo que nos domina desde el corazón. El maravilloso y a la vez peligroso poder del amor. 

Amor, amore. ¡Cuánto amor! El más terriblemente especial que he sentido en mi vida, aún habiendo amado profundamente ya. Yo que descarté la posibilidad de volver a enamorarme. Esa mujer profundamente decepcionada con los hombres y a la vez consigo misma, finalmente, encontró el perfecto espejo: la versión italiana del demonio que habita en mí. Quindi, en noches de blanco satén como esta, nos transformamos en fieras salvajes entre las sábanas, viajamos a Marte, el tiempo y el espacio dejan de existir y alcanzamos el nirvana fundiendonos y transformandonos en un ser completo, placer extremo.

Dicho esto, me vuelven a la mente los miedos que ambos tenemos y también vemos en los ojos del otro, y que nos llenan de dudas, porque el amor nos tiene atrapados. Y es el amor que sabotea nuestros planes de futuro por pura lujuria.

A veces siento que voy a desintegrarme de tanto amor que me hace sentir, y pierdo la razón. Y la pierde él. Y que nos quiten lo bailao. 

Me retiro mientras suena "I put spell on you, because you're mine..."

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