De la culpa
La culpa, esa maldita palabra que nos ha metido la iglesia católica en la cabeza, da miedo ver como envilece a la gente.
Las personas que no saben pedir perdón ni reconocer sus errores, aún sabiendo que los han cometido, tienen pesada carga en sus hombros. Están condenados a vivir con la culpa para siempre.
Algunos, presuntamente más astutos, eligen enfadar-se con la persona a la que han perjudicado. Les es más llevadero estar cabreados, echándole la culpa a la víctima, que soportar el lastre de la propia culpa.
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