De sexo malo
Llevaba un par de meses sin echar un polvo cuando un día me despierto con tremendas ganas de hacerlo. Y el día transcurre con las mismas ganas a cuestas. Hasta llegar al punto en que són tales las ganas que mandas un mensaje a alguien con quien te apetece desahogarte. Te manda un taxi a casa, te paga una copa en un garito que no conocías y que aumenta las ganas y acabáis en su casa, con sus colegas y su hiperbólica fiesta. Le miras de lejos que más que mirar es devorar, pero él no deja de hablar de sus problemas. Las drogas siempre ponen filosófico a alguno... Así pasan las horas hasta que amanece y to quisqui quiere recogerse y descansar. Me voy con mi amigo a su habitación, con el único propósito de echar una cabezadita antes de cojer el bus de vuelta a casa. Y él quiere sexo. Y tú estás más fría que un iglú en nochevieja. Se pone pesado y acabas cediendo por aquello de no volver a casa sin el propósito resuelto. Más tarde te ves en el bus de vuelta a casa, escocida y queriendo no acordarte de uno de los peores polvos en años. Mal, muy mal. Tan mal que ni cabe dar detalles.
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