De melopeas
Siempre me ha parecido fea la palabra melopea, menos simplemente pea, pero no por eso he dejado de pillarla. Hoy llevo una buena. Cosas que pasan cuando se juntan la velocidad y el tocino. Bajas del autobús que te lleva a casa después de trabajar y ves de lejos a la vecina chafardera de turno y no tienes ganas de aguantar su habitual interrogatorio, por lo que decides irte al bar de siempre. La idea es tomarte una copa y ya está. Pero te encuentras al filósofo de turno con quien discutes sobre los porqués de la muerte de Blanca la esquiadora. Y caen más copas. Y no has cenado más que el par de exangües tapas que te sirven cada vez. Cierran el bar y decides pasear al perro de mamá, que vive al lado, porque te ha olido hace rato y ladra y no puedes ignorarlo. Paseas con él y en cierta plaza te cruzas con cierta amiga con sus perros. Y llega otro amigo y acabamos los tres en casa de éste que nos ofrece más copas, una vez los canes in da houses.
Pea, melopea, que asco me das se mire por donde se mire... Y a pesar de eso, cuando asomas, me ganas, y por goleada. Pero sabes bien que te conozco y que te evito cada vez más. Hoy me pillaste, sí, me tendiste trampas en un momento de debilidad, pero ya hace tiempo que he aprendido a esquivarte y no me atrapas tan fácilmente como antaño.
Bla bla bla y drinking hasta las tantas. Pea melopea que no veas. Desahogos a tres bandas sin pelos en la lengua, bajones y subidones para dar y vender. Un dia más en el paraiso, como dice la canción. Besos y abrazos en la despedida y mañana será otro día.
Llego a casa y cae otra copa por cierta desazón que no se va.
Una bebe para ahogar las penas y lo único que consigue es ahogarse con ellas. Nunca se bebe para olvidar, pues el alcohol, traicionero, te refresca la memoria y te putea. Una copa me relaja, dos me alegran y acentuan mi lado divertido y dicharachero, el resto... No debería pasar de dos, pero no lo puedo controlar si llevo alguna mochila a cuestas. Y hoy llevo un par de bien pesadas.
Mañana será otro día, sí, pero con el peso de haber convertido el jueves en juernes, algo que hace tiempo me propuse evitar.
Encendió la mecha la vecina y echó más leña al fuego el filósofo del bar, pero fui yo la que se enredó, por floja. A lo hecho, pecho. Ajo y agua, a joderse y a aguantarse si ahora me arrepiento.
Una bebe para ahogar las penas y lo único que consigue es ahogarse con ellas. Nunca se bebe para olvidar, pues el alcohol, traicionero, te refresca la memoria y te putea. Una copa me relaja, dos me alegran y acentuan mi lado divertido y dicharachero, el resto... No debería pasar de dos, pero no lo puedo controlar si llevo alguna mochila a cuestas. Y hoy llevo un par de bien pesadas.
Mañana será otro día, sí, pero con el peso de haber convertido el jueves en juernes, algo que hace tiempo me propuse evitar.
Encendió la mecha la vecina y echó más leña al fuego el filósofo del bar, pero fui yo la que se enredó, por floja. A lo hecho, pecho. Ajo y agua, a joderse y a aguantarse si ahora me arrepiento.
Pea, melopea, que asco me das se mire por donde se mire... Y a pesar de eso, cuando asomas, me ganas, y por goleada. Pero sabes bien que te conozco y que te evito cada vez más. Hoy me pillaste, sí, me tendiste trampas en un momento de debilidad, pero ya hace tiempo que he aprendido a esquivarte y no me atrapas tan fácilmente como antaño.
AJoder, ya me callo, que no paro de decir tonterías, joder.
Pea, melopea, que paciencia quien me lea. 😁
Pea, melopea, que paciencia quien me lea. 😁
Comentaris
Publica un comentari a l'entrada