Demasiado tiempo a solas
Y años también.
He colgado un retrato mío de cuando fui Pubilleta del pueblo, allá en el 81. Estoy reinventando las paredes, llenándolas de significado, de color, de magia. Belleza para la vista, estímulos para mi mente confinada, aislada, congelada.
Veo mi instantánea de ocho o nueve primaveras y se para el tiempo, desaparece el mundo a mi alrededor y dialogan presente y pasado. Entonces confiaba en el futuro. Ya ni siquiera el ahora tiene nombre.
Sobrevivo viviendo vidas ajenas, suertes ajenas, compartiendo pesares, unas ficción, otras tan reales. Sobrevivo a mi misma entre bandas sonoras, ya sin apenas preguntas y claramente sin respuestas. Sobrevivo entre caminantes, blancos o subatómicos; de miradas vacías todos ellos. Incluso los vivos parecen no ver.
Pero yo sí veo. Demasiado que veo... Y por no ver me cuelgo de mi -¿Quién dijo falso?-, árbol de plástico, y es por eso que cambio el color de las ventanas y que ya no tropiezo con ese mueble de la esquina, ya no es mi casa la misma oscura prisión. Aunque sí prisión. Y de barrotes dobles, esos que encarga para mí Morfeo. Y María.
Suena "High hopes" de Pink Floyd, y vuelve a mí mi infancia, esa mirada de la foto que ni siquiera es un reproche. Esa niña y esta mujer seguimos compartiendo demasiada soledad, y años también. Y jamás dejamos de cuestionarlo todo; seguimos, como Josafat, bajo la lluvia para limpiarnos de las eternas impurezas, para redimirnos de lo irredimible. Siempre.
Demasiada soledad y botellas también. Entre tan plana soledad, solo Bacus me entrega al siempre deseable placer, a esa puerta que se abre a un cielo de bellos y crepitantes fuegos artificiales. Esa lenta y dulce muerte postrera. Más, ¿quién quiere postre cuando el ahora no es más que una ruleta rusa? ¿Quién? Cuando lo que yo quisiera es un plato principal entre suaves sábanas.
Demasiado silencio, y la Manchester Orchestra no hace más que sumirme en la misma brutal contradicción: tanto hastío en tanta belleza.
Sigo aquí, sin viento ni marea, sola contra mi peligro, sola como Amelia en un planeta deshabitado, sin más esperanza que la que la propia palabra suscita. Pura semántica. Puro vacío. Pura vida.
Demasiado tiempo a solas, y demasiados suspiros también.
Comentaris
Publica un comentari a l'entrada